01. Empieza por el proceso, no por la herramienta
Describe qué hace hoy el equipo, qué información utiliza y dónde pierde tiempo. Acota una tarea que puedas observar y repetir. Comparar proveedores será más sencillo si todos responden al mismo problema.
Prepara ejemplos reales, anonimizados cuando sea necesario. Una demostración genérica no muestra cómo funcionará la solución con tus documentos o con las excepciones de tu negocio.
02. Acuerda cómo reconocerás un buen resultado
Define una referencia del proceso actual: tiempo, errores, revisiones o esperas. Especifica quién probará el sistema y con qué casos. Incluye situaciones normales y excepciones.
No aceptes una promesa de ahorro como sustituto de una prueba. El resultado debe tener en cuenta el tiempo de revisión humana y el mantenimiento que introduce el sistema.
03. Deja por escrito qué recibes
Pide una lista de entregables: aplicación o flujo, código, documentación, cuentas, accesos, instrucciones de operación y formación. Aclara quién puede modificar cada pieza al terminar el proyecto.
Revisa los costes que continúan después de la implantación: alojamiento, consumo de modelos, licencias, soporte y cambios. Distingue el desarrollo inicial del servicio recurrente.
04. Compara evidencias y forma de trabajar
Busca proyectos explicados con contexto, no solo logotipos. Pregunta qué construyó el proveedor, qué dependencias tenía y qué límites encontró. Si el caso no puede publicarse, pide una demostración que no exponga datos de terceros.
Elige el tipo de equipo según el alcance, la coordinación necesaria y la continuidad que buscas. Una persona especializada y una consultora pueden resolver problemas diferentes.
Una buena pregunta antes de firmar.
¿Qué recibiré al terminar, quién mantendrá el sistema y cómo comprobaremos que funciona con mis casos reales?

