01. Compara el mismo alcance
Un presupuesto de diagnóstico no equivale a uno de implantación. Pide que cada propuesta distinga análisis, desarrollo, integración, pruebas, formación y puesta en marcha.
Describe los sistemas implicados y el volumen de trabajo previsto. Esas condiciones ayudan a entender por qué dos propuestas pueden tener costes diferentes.
02. Separa inversión y operación
Identifica qué se paga una vez y qué se paga mientras el sistema esté funcionando. Incluye alojamiento, licencias, uso de APIs y soporte.
Pregunta cómo se notifican los cambios de consumo y qué límites pueden configurarse. Un precio inicial por sí solo no describe el coste del proyecto.
03. Define cambios y aceptación
Acordad qué ocurre cuando aparece una necesidad nueva. Un criterio de aceptación explícito reduce discusiones y facilita evaluar el trabajo.
Solicita condiciones de mantenimiento, tiempos de atención y un procedimiento para transferir el sistema si cambias de proveedor.
Una buena pregunta antes de firmar.
¿Qué recibiré al terminar, quién mantendrá el sistema y cómo comprobaremos que funciona con mis casos reales?

